Silencio En La Noche
- Satyros

- 5 jun 2020
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 11 jun 2020

Aquí estoy postrado al borde de la cama, sosteniéndome con los nudillos, tembloroso, mirando el velo blanco que refleja la luz de la luna en la alfombra de mi habitación. No sé lo que sucede; esta opresión en el pecho, una contracción seguida de un espasmo que no me permite respirar con normalidad, ¿acaso será un infarto o solo será ansiedad? De un momento a otro pasará y sin más podré volver a recostarme y dormir, una noche más, mientras tanto solo me queda esperar. El aire comienza a entrar desde la ventana, las delgadas y blancas cortinas hacen presencia de eso, jadeante tomo la corriente y relleno mis pulmones que, aunque secos por el tiempo, no dejan de funcionar.
Quisiera tomar un poco de agua, pero el vaso de vidrio a un lado de mi cama está vacío y no me puedo levantar, mis recuerdos me transportan a un par de semanas atrás cuando desperté aquella madrugada con la boca abierta, mi garganta estaba seca y mis labios apenas humedecidos con la saliva que se evaporaba lentamente, mire el vaso junto a mi almohada para beber un poco y quitar esa sensación de sequedad de mi boca pero, el vaso estaba completamente vacío. Me levanté a mi tiempo y caminé hasta la cocina, afuera una intermitente luz roja iluminaba el edificio, por la ventana observé una escena triste pero muy común en este lugar: una ambulancia en la puerta del asilo se llevaba en la camilla a la señora Yolanda -se habrá puesto mal- pensé, pues sufría mucho de la presión. Al irse la sirena no emitió sonido y poco a poco la parpadeante luz roja se desvaneció en la oscuridad. En los pasillos apenas notamos el movimiento, somos almas cansadas con la posibilidad de no volver a despertar. Al dejar la sala de estar cada noche nos despedimos uno a uno de nuestros compañeros "Buena noche Alfredo, buena noche Aranxa. Señor Ramon..." así, seguido de un beso en la mejilla y un abrazo. Es difícil pensar que mañana alguien faltará, que aquel abrazo será una despedida corta para una larga vida que dejamos atrás y es inevitable pensar que esa noche sucederá.
El dolor persiste, espero que alguien venga pronto, que escuche mi respiración y se interese por saber qué sucede. No hay un solo ruido excepto mis jadeos, las enfermeras pasan en la madrugada a dar rondines, pero no veo la luz bajo la puerta y no puedo girar mi cabeza. Empiezo a impacientarme y el sudor resbala por mi nariz, grito hacia mis adentros pues ya no puedo soportar el dolor, mis brazos se han vencido y mi visión es apenas una oscura parte de la habitación, no siento mis piernas... -¡ayuda, por favor!-
Escucho una sirena, la ambulancia se acerca entre las callejuelas. Seguro alguien me escuchó, debió ser Alfredo, su habitación esta junto a la mía, y aveces él también despierta por la madrugada. El sonido se hace cada vez más fuerte y puedo divisar la luz roja sobre la pared.
La puerta del cuarto se abre, me ven tumbado en la cama intentando respirar. Veo siluetas blancas girándome sobre la camilla, escucho las ruedas rozando con las viejas losas carcomidas, el viento en mi cabeza me indica que he salido del edificio y se preparan para subirme a la ambulancia. La luz roja traspasa los párpados de mis ojos y la sirena resuena en mi cabeza... "viviré."
Dentro de la ambulancia puedo ver mejor: afuera está lloviendo, se esta yendo el dolor, Alfredo me observa desde su ventana; le esbozo una sonrisa prometiéndole volver. Me recuesto en el camastro, sin dolor, respirando suavemente.
Me alejo del edificio y no puedo evitar notar lo silencioso de la noche mientras nos dirigimos al hospital.
By. Satyro






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