Disección
- Satyros

- 30 ago 2020
- 3 Min. de lectura
Son las 2 de la madrugada, un ligero dolor en la boca del estómago comenzó a molestarme, me acurruco, me coloco en posición fetal y logró sosegar el cólico, ligeras punzadas le siguen, intermitentes, esporádicas; antes ya había presentado episodios de colitis aguda, pero nada comparado con lo que siento ahora en mi interior.
Es insoportable ya, han pasado dos horas y los analgésicos no son suficiente, me he levantado a duras penas de la cama para pedir una ambulancia, no me puedo sostener, ahora me veo tirado en la alfombra de la recamara, mi vista se comienza a nublar y pronto las blanquecinas luces de la ventana se funden con la oscuridad, estoy en la penumbra, no distingo alguna silueta, creo que me he desmayado, ya no siento mas dolor.
Estoy entre verdes prados, hay montañas alrededor y un río que corre suavemente con agua cristalina, pareciera no estar ahí, se siente tan bien, el fresco césped bajo mis pies desnudos, la brisa primaveral que trae a mi el olor a flores del campo, pino, jazmín, lavanda, son los olores que puedo distinguir en el aire, me siento calmado, en paz, apenas y recuerdo el dolor, camino por el pastizal, hasta un tronco seco que cuelga sobre el río y me mojo los pies, recuerdo este lugar, cuando era niño, mi hermano y yo pescamos desde la saliente del tronco, no, no es un recuerdo grato, el resbaló en aquella orilla, y el río no era calmado, bajaba furioso desde la montaña, debajo había rocas imperceptibles y fue ahí donde se golpeó cuando…
Estoy en el pasillo del hospital, el dolor se ha incrementado y apenas puedo respirar, me llevan en camilla, veo largas lámparas pasar, la luz me ciega en instantes, no puedo ver mas, no se que ocurre o cómo he llegado aquí, de pronto escucho voces, susurro que me hablan desde el otro lado del corredor.
¿Qué sucede doctor? preguntó con la poca energía que tengo para poder articular palabras, -enfermera, prepare quirógrafo tenemos que operar- se escucha decir a una agitada voz que se mueve por la habitación -pronto pasara- me dice la silueta blanquecina mientras me cubre el rostro con algún aparato que exhala gas y me pone a dormir de inmediato.
Los escucho, sigo aquí, mi conciencia regreso, estoy paralizado, mis ojos se mueven bajo mis párpados con rapidez, lo puedo sentir -Aquí doctor, tome el bisturí- están a punto de abrir mi piel, escucho el pitido de la máquina a la que estoy conectado, ahí registran todos mis signos vitales, mi corazón suena calmado, el ritmo es constante -Estamos listos para abrir- resuena la voz del doctor sobre mi cabeza, siento el frío metal rozando mis entrañas, el ardor es insoportable, mi cuerpo se agita, quiero gritar a los mil demonios pero mi cuerpo no responde, siento frío y aunque mis signos vitales dicen que me encuentro bien, el suplicio encerrado en mi conciencia quiere desaparecer de una sola vez, me estoy desvaneciendo, regreso a la oscuridad donde me encuentro con el verde prado, de nuevo estoy soñando.
-Hígado, pulmón, riñón, intestino grueso, colon, Doctor Fernández por favor, necesito apoyo- ¿Apoyo? ¿Todo está bien? ¿Qué sucede? ¿Que pasa doctor? Dígame que sucede en mi interior -Doctor Fernandez, mire esto-Si doctor ¿Dónde está el estómago?- ¿Estómago? ¿Mi estómago? ¿Como que donde esta? Despiértenme y díganme que está pasando.
-Solo está este bulto carnoso en sustitución- me remueven las entrañas, siento escurrir la sangre por mis costados y sus manos estrujando mis intestinos -No está, pero sigue vivo- ¿De donde viene el dolor? -quítale el vestigio de órgano y vuelvelo a coser, si sigue vivo nos dirá que le ocurrió, si no es así, lo podremos examinar con más detalle -Entendido doctor Fernandez-
Recuerdo un bello paraje verde hace un par de noches, caminaba sobre el césped y disfrutaba la brisa sobre mi piel, creí haber despertado, pero era un sueño más, había luces brillantes y una fría cama de hospital, dos siluetas grises me examinaban y charlaban entre sí, me abrían y extraían trozos de órganos y sangre de mi interior, los colocaban en platos blancos y salían de la habitación, desperté con un fuerte dolor en el estómago, ahora el sueño se hace realidad, me están cortando en pedazos sobre una cama de hospital, siento la hoja de acero rasgarme con precisión, no se si despertare otra vez, pero mientras me desvanezco en mis recuerdos, regreso al verde prado donde el aire es fresco y mi cuerpo está en paz.
Satyros
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