ABDUCCIÓN
- Satyros

- 4 jun 2020
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 12 jun 2020

Esa noche miré por la ventana y en el cielo vi estrellas, diminutos destellos blanquecinos, titilantes y apenas distinguidos, opacados por la luz de la farola que descansa sobre la acera. Tuve frío, la noche era oscura y solitaria, me levanté y coloqué una manta más sobre mi cama, después me recosté y miré las luces hasta quedar atrapado en dicha oscuridad. En mi interior solo vi vacío y un recuerdo, un sueño; estaba caminando por la vereda de rojos adoquines, el cielo era tibio, el atardecer se postraba en tonos naranjas y rojizos, los arboles otoñales desprendían las hojas que centelleantes brillaban al caer, el viendo movía las ramas y silbaba entre los viejos troncos de aquel jardín, tan tranquilo, tan apacible. Lo recuerdo tan nítido, tan cálido, tan irreal, no es como un sueño común que desaparece al despertar, donde apenas y se recuerda una imagen a medios tonos y te queda una sensación de felicidad.
Este sueño es diferente, es constante y repetitivo, cada noche, cada vez, cada que cierro los ojos, estoy ahí sobre la vereda, mirando el rojo atardecer, pero fuera de provocarme placer y transmitirme la tibia calidez que emana, me produce terror, el terror de estar atrapado ahí en mi mente, mientras la realidad se distorsiona a mi alrededor, porque entre sueños desperté y los vi junto a mi, como sombras distorsionadas carentes de sentido. Las luces me aturdieron, brillaban sobre mi círculos carentes de calor iluminando mis pupilas dilatadas, mi visión era precaria, incapaz de otorgar una forma definida a dicha escena, pero estaban ahí, los veía moverse, los escuchaba conversar, sentía sus frías y delgadas manos rosando mi piel, erizando mis bellos al tacto, yo se que estaban ahí estudiándome, engañando a mi mente con alucinaciones, provocando calidez en aquella fría realidad.
Lo imaginé, el como fue, como yo dormía y soñaba con aquel paisaje otoñal, como mientras estaba perdido en la calidez de mi pesadilla, aquellos seres, aquellas formas con vida, me rodeaban, me miraban, seres de ojos negros con piel desteñida abriendo mi abdomen y mirando mi interior, impresionados de mi complejidad humana, moviendo mis órganos, extrayendo células, examinando de cerca el color de mi sangre roja carmesí, obteniendo datos y planos de mi ser. Me resulta indigesto el pensar tan aberrante acción, tan indignarte violación, me veo recostado en la plancha indefenso, imposibilitado a merced de sus degenerados deseos, me resulta increíble pensar como me hacían dormir con una aparato sobre mi cabeza, como me privaban de mi propia mente para sucumbir una vez más.
Ahora no quiero dormir más, no quiero encerrarme en aquel mundo de ilusiones para darles el derecho de poseerme, no les volveré a dar el placer de mirar dentro de mi, seguiré viendo el reloj, estaré atento de la ventana, escucharé cada paso y miraré firmemente las estrellas, porque lo sé, se cual es su secreto, se que esa farola que descansa sobre la acera no es lo que aparenta, que esa luz amarillenta que emana dentro me vigila, esperando que cierre los ojos para entregarme a ellos.
Satyro






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